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Historia 17/11/2008 12:28:08
Museo Thyssen, una de las más fascinantes historias del coleccionismo privado
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El Museo Thyssen propone un juego de conexiones entre obras de distintos estilos y épocas
21/05/2012 13:21:50 |
La Fundación Colección Thyssen-Bornemisza es una entidad sin ánimo de lucro cuyo fin es la conservación, estudio, pública exposición y difusión de la colección de obras de arte que alberga el Museo Thyssen-Bornemisza.
Esta fundación, bajo el patrocinio de Su Majestad Don Juan Carlos I, Rey de España, está regida por un Patronato, máximo órgano de gobierno de la misma. Conforman el patronato un número de hasta doce patronos: cuatro en razón de su cargo (o patronos ex-officio: el ministro de Cultura, que ostenta la Presidencia, y otros tres altos cargos de los Ministerios de Cultura y Hacienda), cuatro nombrados por el Consejo de ministros mediante Real Decreto (patronos del Gobierno) y cuatro nombrados por la familia Thyssen-Bornemisza, de los cuales la Baronesa Thyssen-Bornemisza ostenta la Vicepresidencia con carácter vitalicio. Duccio, Van Eyck, Carpaccio, Lucas Cranach, Durero, Caravaggio, Rubens, Frans Hals, Van Gogh, Gauguin, Kirchner, Mondrian, Klee, Hopper, Rauschenberg .... son algunos de los grandes maestros de la Historia del Arte cuyas obras pueden contemplarse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, que en la actualidad alberga dos colecciones procedentes de la estirpe coleccionista Thyssen-Bornemisza. La Colección Thyssen-Bornemisza, adquirida por el Estado español al Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza en 1993, y expuesta en el museo de forma permanente desde su apertura en 1992; y la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, propiedad de la Baronesa viuda, y en depósito en el Museo desde 2004. Estos dos conjuntos reúnen cerca de mil obras de arte, principalmente de pintura, a través de las cuales el Museo ofrece un recorrido por la historia de la pintura europea desde sus inicios, en el siglo XIII, hasta las postrimerías del siglo XX. Situado casi enfrente del Museo del Prado y muy cerca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, este nuevo Museo, de cuya remodelación se encargó el arquitecto Rafael Moneo, era la piedra angular que faltaba para que el triángulo del arte se convirtiera por fin en realidad. Con la presencia en Madrid de la Colección Thyssen-Bornemisza, la colección privada más importante del mundo hasta que en junio de 1993 la adquiriera el Estado español por 350 millones de dólares, pocas ciudades podrán ofrecer un mayor atractivo a cualquier amante del Arte. Una de las características más destacadas del Museo es su carácter complementario con respecto a las colecciones del Museo del Prado en lo que a pintura antigua concierne, y del Museo Nacional Reina Sofía en pintura moderna, aportando movimientos y estilos como los primitivos italianos y neerlandeses, Renacimiento alemán, pintura holandesa del siglo XVII, Impresionismo, Expresionismo alemán, Constructivismo ruso, la Abstracción geométrica y el Pop. Y en lo que resulta singular es en la muestra de pintura norteamericana del siglo XIX, prácticamente desconocida en Europa y que en el Museo ocupa dos salas.
Los orígenes y desarrollo de la Colección Thyssen-Bornemisza ofrecen una de las más fascinantes historias del coleccionismo privado. Aunque la Colección era ya conocida en todo el mundo, cuando en octubre de 1992 se abrió al público el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y pudo verse por primera vez en su conjunto el núcleo principal, una de las mayores causas de admiración fue el hecho de que tal cantidad de obras y de tal calidad hubiesen sido el resultado de tan sólo dos generaciones de coleccionismo. Se trataba, sin duda, de la colección privada de arte más importante de este siglo. Efectivamente, aunque con un breve pero interesante precedente relativo a August Thyssen, abuelo del barón, la historia de la Colección Thyssen-Bornemisza es fruto del afán coleccionista del Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y de su padre Heinrich, primer Barón Thyssen-Bornemisza. Éste, que inició la Colección en los años 20 de este siglo, se dedicó sobre todo al arte antiguo, reuniendo, hasta 1947, año de su muerte, alrededor de 525 cuadros. En 1930, en la Alte Pinakothek de Munich, el público tuvo la oportunidad de contemplar la primera exposición de las obras reunidas por él. Dos años después, para albergar una colección que crecía sin cesar, el barón compró al príncipe Leopoldo de Prusia Villa Favorita, en la localidad suiza de Lugano. A su muerte, la Colección se dispersó en parte entre sus herederos, y el menor de sus cuatro hijos y heredero del título, el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, se dedicó a reunirla de nuevo, comprando las obras a sus parientes. En una etapa inicial siguió adquiriendo pintura antigua y, a partir de los años 60, inició la Colección de Maestros Modernos. Su interés se concentró al principio en las obras del Expresionismo alemán, un arte considerado "degenerado" por los nazis, que destruyeron gran parte de estas obras. Poco a poco, la fascinación que sentía por los expresionistas alemanes le condujo a la adquisición de obras de artistas de vanguardia rusos y otros pioneros del arte abstracto. Y así, llegó a hacerse con importantes obras impresionistas, postimpresionistas, pintura europea de principios de siglo, pintura inglesa de la postguerra - Francis Bacon, Lucian Freud, etc. - y pintura norteamericana de los siglos XIX y XX. Villa Favorita se quedó pequeña - allí no se podían exponer más que 300 cuadros - y el barón decidió buscar un nuevo hogar para sus obras. La proximidad del Museo del Prado y la calidad del edificio de Madrid que le ofreció el Estado español, le decidió a traer la Colección a España. Y es en esta ciudad, en el decimonónico Palacio de Villahermosa, donde se puede contemplar por primera vez la Colección casi completa. La instalación definitiva de la Colección en España parecía la culminación de esa relativamente corta pero intensa trayectoria coleccionista, pero no ha sido así. Carmen Thyssen-Bornemisza ha recogido el testigo y, continuando con la tradición familiar, tiene desde hace unos años su propia colección, que recoge por un lado la herencia de su esposo y, por otro, continúa ampliándose con nuevas adquisiciones. August Thyssen (1842-1926) fue el verdadero creador del imperio económico de la familia Thyssen, basada originalmente en la industria siderúrgica. Aunque dotado de gran sensibilidad artística, August Thyssen no tuvo tiempo de ocuparse de coleccionar arte hasta su madurez. Pensando en crear una colección de escultura, se dirigió al que era el escultor más famoso e importante de su tiempo, Auguste Rodin. Fruto de esta relación entre el industrial alemán y el escultor francés, es una magnífica serie de siete esculturas en mármol. El estallido de la Primera Guerra Mundial interrumpió este primer proyecto de coleccionismo artístico en la familia; August Thyssen falleció en los años de la postguerra, años por otro lado muy difíciles para la economía alemana. El conjunto de esculturas quedó en propiedad de una rama de la familia Thyssen afincada en Alemania hasta que, en 1956, se pusieron a la venta y fueron adquiridas por el actual Barón. Cuatro de ellas forman parte hoy en día de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Acorde con dicha política, desde 1960, diferentes selecciones de la Colección comenzaron a viajar por todo el mundo. Paralelamente se inició también un importante programa de préstamos a otras muestras, siendo pocas las grandes ocasiones de exposiciones colectivas que no hayan contado de un modo u otro con la Colección Thyssen-Bornemisza. La segunda exposición temporal tuvo lugar en 1960 en Essen, ya bajo el nombre de Colección Thyssen-Bornemisza. Un año después, la National Gallery de Londres acogió la muestra “De Van Eyck a Tiépolo. Una exposición de Pinturas de la Colección Thyssen-Bornemisza”. En la década de los 70 se organizaron varias exposiciones de obras modernas de la Colección en Alemania, Japón, Bélgica, Francia, Australia y Nueva Zelanda. Entre 1979 y 1981 la exposición “Pintura de los Maestros Antiguos de la Colección Thyssen-Bornemisza” visitó nueve ciudades de los Estados Unidos. En los años 80 una exposición de maestros modernos y norteamericanos estuvo de gira por Europa, Estados Unidos y Japón. La serie de exposiciones de maestros norteamericanos en Estados Unidos supuso un espaldarazo definitivo a la colección de pintura norteamericana. También se llevaron a distintos lugares exposiciones de arte abstracto, pintura norteamericana del siglo XIX, pintura expresionista y moderna alemana, y de objetos de oro y plata. De especial relevancia fueron las exposiciones organizadas en Rusia en tres ocasiones: en 1983 en San Petersburgo y en Kiev, en 1987 en Moscú y en San Petersburgo, y en 1988 en Novosibirsk, en Siberia. Estas exposiciones propiciaron el intercambio con obras impresionistas y postimpresionistas del Hermitage y del Museo Pushkin, que se expusieron en Villa Favorita en 1983. Este intercambio marcó un hito importante en el incremento de las relaciones culturales entre la URSS y los países occidentales, y significó también el comienzo de un nuevo programa de exposiciones temporales en la sede de la Colección en Suiza. Villa Favorita acogió, entre otras, una exposición de pinturas de Goya de varias colecciones privadas de España, otra de obras maestras de los museos húngaros y una exposición de pinturas impresionistas norteamericanas de colecciones estadounidenses. También cabe destacar, por el futuro que depararía a la Colección, las dos presentaciones que se hicieron en Madrid: “los Maestros Modernos” en 1986, en la Biblioteca Nacional, y los “Maestros Antiguos” en 1987, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; en ambas ocasiones, con una gran respuesta por parte del público español. Por aquellos años, el Barón Thyssen-Bornemisza empezaba a plantearse ya el futuro de su Colección. Tras la experiencia vivida a raíz del fallecimiento de su padre, su principal deseo era que la unidad de la Colección quedara asegurada en el futuro. Por otro lado, era también necesario un nuevo edificio que permitiera la instalación de las nuevas adquisiciones de forma permanente. El primer planteamiento fue la ampliación de la Galería de Villa Favorita, llegando incluso a convocarse un concurso arquitectónico que reinició el anteproyecto del arquitecto británico Robert Stirling. Sin embargo, ese proyecto no pudo llevarse a cabo y empezaron a surgir entonces diversas ofertas para instalar la Colección fuera de Suiza. Las más destacadas vinieron de Estados Unidos (de la Fundación Getty), y de los gobiernos de Inglaterra, Alemania y España. Poco a poco, la oferta española fue ganando terreno a las demás; las condiciones que ofrecía para la estabilidad del futuro de la Colección y su difusión pública eran inmejorables. Sin duda tuvo un papel decisivo la excepcional ubicación del edificio que se ofrecía como futura sede del Museo, el céntrico Palacio de Villahermosa, situado casi frente al Prado y muy cerca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. No se puede olvidar tampoco en todo este proceso la labor realizada por la Baronesa Thyssen-Bornemisza, de nacionalidad española. Casada con el Barón en 1985, Carmen Cervera ha compartido siempre con él su deseo de que la Colección permaneciera unida, que estuviera al alcance de todo el mundo, y expuesta en las mejores condiciones. La instalación definitiva de la Colección en España fue fruto de un proceso gradual y de unos acuerdos muy meditados por parte de los Barones Thyssen-Bornemisza y el Gobierno Español. Corrían los últimos años de la década de los 80 cuando la prensa española empezó a hablar de posibles contactos entre ambas partes. A principios de 1988, el Duque de Badajoz, Luis Gómez-Acebo, que tuvo un papel destacado en el establecimiento de los contactos iniciales, declaró que era inminente la decisión sobre el destino de la Colección. Efectivamente, en el mes de marzo de ese mismo año, el Ministro de Cultura, Javier Solana, confirmó que la Colección Thyssen-Bornemisza se instalaría en España por un período mínimo de nueve años y medio, con posibilidades de negociar su instalación definitiva. Unos días más tarde, el propio Barón, en la presentación de la exposición de Maestro Antiguos en Londres, anunció la venida de parte de la Colección a nuestro país, mediante la fórmula de préstamo temporal. El 7 de abril de 1988, el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y el Ministro de Cultura, Javier Solana, firmaron el Protocolo de Intenciones por el cual 775 cuadros de la Colección Thyssen-Bornemisza podrían exponerse en España. El protocolo preveía una cesión por nueve años y medio, aunque quedaba abierta la posibilidad de nuevas negociaciones para una cesión definitiva. La posibilidad de que España acogiera la Colección Thyssen-Bornemisza cristalizó el 20 de diciembre de 1988, con la firma de un contrato de préstamo que firmaron el Reino de España y Favorita Trustees Limited, entidad dueña de la Colección. Según el contrato, las obras más importantes de la Colección Thyssen-Bornemisza se entregaban al Reino de España para su exposición en el Palacio de Villahermosa de Madrid y en el Monasterio de Pedralbes de Barcelona por un periodo de nueve años y medio. A cambio el Gobierno aportaba un edificio, el Palacio de Villahermosa, que debía ser rehabilitado, y se creaba una Fundación a la que el Gobierno se comprometía a dotar de medios suficientes para la gestión del futuro Museo. Como contraprestación se establecía una aportación económica anual de 5 millones de dólares a los propietarios de la colección durante el periodo de préstamo. En esa misma fecha, se constituyó una fundación creada por el Gobierno español, por una parte, representado por Jorge Semprún, entonces Ministro de Cultura, y por otra, el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. La Fundación Colección Thyssen-Bornemisza nacía como una fundación cultural privada de servicio y promoción, sin ánimo de lucro. Su fin fundacional quedó definido como el mantenimiento, conservación, pública exposición y promoción de las obras de arte integrantes de la Colección Thyssen-Bornemisza que estuviesen en posesión de la Fundación y del Museo que las albergara, así como su sostenimiento económico. La Fundación comienza su andadura de inmediato. Se constituye un Patronato, formado por cinco miembros representantes del Gobierno Español y otros cinco por parte de los propietarios de la Colección; se nombra también un Director Gerente y un Conservador Jefe y, en la primera reunión del Patronato, se encomienda al arquitecto Rafael Moneo la rehabilitación del Palacio de Villahermosa.
La eficacia de la nueva fórmula de gestión puesta en marcha por la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza ha quedado de manifiesto desde el momento de su creación en 1988. Desde la apertura de los dos museos, en Madrid y Barcelona, y la puesta en marcha de un completo y variado programa de actividades, la Fundación se ha consolidado como una institución viva, que ocupa ya un lugar destacado en el panorama de la vida cultural española. La Fundación Thyssen-Bornemisza es consciente del papel que debe desempeñar, proporcionando una oferta cultural innovadora y de calidad, al servicio de la difusión de la Colección, mediante una gestión ágil y dinámica, enfocada a cubrir las necesidades de la sociedad actual. Este ha sido el objetivo básico que ha marcado la actividad a lo largo de su todavía corta existencia. Exposiciones temporales, actividades didácticas, ciclos de conferencias, publicaciones, programas de voluntariado, de desarrollo institucional y de promoción, son sólo algunos ejemplos de la serie de iniciativas desarrolladas en estos años, encaminadas a ampliar progresivamente la oferta de servicios culturales para la difusión de la Colección, así como a involucrar cada vez más a diversos sectores sociales en la vida del Museo. La historia continúa: Colección Carmen Thyssen-Bornemisza Como señalábamos al principio, desde hace unos años la Baronesa Thyssen-Bornemisza ha venido reuniendo una excelente colección de pintura con obras procedentes de donaciones de su esposo, entre ellas, por ejemplo, las esculturas de Rodin origen de la Colección, y otras muchas adquiridas en los mercados internacionales y españoles. Tras su presentación en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en 1996, y continuando con la ya descrita vocación viajera de la Colección histórica de la familia Thyssen-Bornemisza, esta nueva Colección ha recorrido, en sólo cuatro años, numerosas ciudades españolas y diversos países de Europa, Asia y América. La Colección cuenta ya con más de 600 piezas. Entre ellas se incluyen importantes obras de artistas tan relevantes como Simone Martini, Zurbarán, Jan Brueghel el Viejo, Salomon Ruysdael, Jan Van Goyen, Canaletto y Guardi, entre los maestros antiguos. Sin embargo es en la pintura del siglo XIX y comienzos del XX donde se sitúa su núcleo principal. Junto a destacados conjuntos de pintura española y norteamericana de ese periodo, destaca una magnífica representación de artistas con una proyección internacional tan significativa como Courbet, Corot, Monet, Pissarro, Sisley, Renoir, Degas, Gauguin, Bonnard, Vuillard, Picasso, Braque, Matisse, Gris, Léger, Nolde, Kirchner, Kandinsky y Delaunay. En junio de 1999 se anunciaba la adquisición de dos edificios adyacentes al Palacio de Villahermosa destinados a la ampliación de la sede madrileña de la Fundación Thyssen-Bornemisza y la cesión gratuita, para su presentación en este nuevo espacio, de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza durante un periodo de once años. La firma del Protocolo de Intenciones entre el Ministro de Cultura, Mariano Rajoy, y la Baronesa Thyssen-Bornemisza tuvo lugar en el Palacio de Villahermosa el 30 de septiembre de ese mismo año. En el acto, ambas partes manifestaron su voluntad de llegar a un acuerdo que permita la instalación definitiva de esta colección en el Museo de Madrid. Inmediatamente se iniciaron las obras de remodelación del nuevo edificio, dirigidas por los arquitectos Manuel Baquero y Francesc Pla (equipo BOPPBA), para albergar la colección. En febrero de 2002 se firmó el acuerdo definitivo que confirmaba los anteriores términos, y en junio de 2004 tuvo lugar la flamante apertura de los nuevos espacios y la nueva colección del Museo Thyssen-Bornemisza. Una vez más, un miembro de la familia Thyssen-Bornemisza, en este caso la Baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza, contribuía decisivamente al enriquecimiento de las colecciones públicas españolas, con el préstamo de su colección. Y podemos decir que esta vocación de servicio público es, sin duda, uno de los elementos diferenciadores de los grandes coleccionistas, que desean, por encima de otras consideraciones, compartir con todos su amor por el arte. |
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